30 ago. 2016

LA ESPADA KABAYOMI - 1º Parte


Voy a publicar un trozo de una historia de fantasia que anda rondando en mi mente desde hace algunos meses y que tenia ganas de escribir. Es una historia cargada de combates, exoterismo y algo de misterio (aunque quizás no es algo que se vaya a mostrar en este trozo) protagonizada por 3 jovenes exorcistas y sus Shikigamis ambientada en un fantastico mundo similar al japón feudal. Este relato va a constar de tres capitulos y tratan sobre como la refinada y educada exorcista Muzuki se vió obligada a formar pareja en la lucha contra los youkai con el despreciable guerrero Gorosuke.

Me gustaria saber vuestra opinión, para saber si animarme a continuar la historia. Y sí, se que soy un asco escribiendo, cometó faltas de ortografia y mis recursos lexicos son pobres, espero tener al menos un suficiente en eso.

LA ESPADA KABAYOMI

- 2º Parte

- 3º Parte

- 4º Parte

EL INTREPIDO APRENDIZ

- 1º Parte  

- 2º Parte

LA ESPADA KABAYOMI - GOROSUKE EL RONIN.

- OI TABERNERO, ponnos otra botella de sake más.
- No… no, yo estoy bien ya, creo que me voy a casa ya…
- Tonterías, aun no te he contado la historia de cuando un samurái idiota me retó en duelo por haberme acostado con su hija.

Los robustos brazos de Gorosuke rodearon los endebles hombros del señor Kojita y lo empujaron con fuerza hacia el asiento, no dejándole otra opción a su tembloroso y frágil cuerpo de anciano, que sentarse a escuchar otra historia más del tipo que descaradamente había entrado en la taberna a contarle historias de sus gloriosos combates pasados. Aunque esas historias, posiblemente inventadas, le estaban costando al señor Kojita invitarlo a todo cuanto Gorosuke pueda comer y sobre todo beber.

Gorosuke era alguien intimidante lo mires como lo mires, fuerte como un toro, sino más, mucho más alto que el hombre más alto que hayas conocido en todo en todo Shihón. Su piel era morena, áspera, sucia y llena de moratones y cicatrices, denotando que era una persona que se pasaba el día entrenando o viajando, pero en ningún caso viviendo en las comodidades de un hogar. De mirada tosca y despectiva, con sus espesas cejas formadas de forma que le hacían lucir como si solo buscara problemas, daba miedo mirarlo directamente a los ojos ya que parecería que podría confundirlo con un desafío, y no es una persona a la que nadie quisiera desafiar. Su melena era larga, morena, desgarbada y sucia, recogida en una coleta alta. Por su puesto su barba también era áspera y mal afeitada, no demasiado larga. Vestía retazos de armadura, ninguna pieza combinaba con las demás, se intuía fácilmente que había ido seleccionando las mejores piezas de las armaduras que había ido encontrando, o quizás saqueándolas de sus rivales abatidos. Era joven, de unos 22 años de edad, pocos mas quizás, pero con verlo un segundo te bastaba para saber que había tenido una mala vida y había matado a muchos hombres, y nadie querría contradecirlo para no ser su siguiente víctima. 

- Nosotros nos vamos ya, aún nos queda mucho trabajo que hacer, jejeje – dijeron los dos últimos clientes al marcharse. El mal ambiente generado por Gorosuke había expulsado a todos los clientes de la taberna, y todos disimularon tener motivos distintos a la incomodidad generada por este.
El señor Kojita se levantó del cojín en el que estaba sentado y se dirigió a la barra. Con pena en el rostro se sacó del bolsillo de la manga el dinero para pagar otra botella de sake, pero el tabernero le agarro ambas manos y empujándolas de vuelta, negando la cabeza con un gesto de comprensión. Este le dio la botella de sake con la esperanza de que esa fuera la última que esa mala bestia pudiera ingerir, pero ambos sabían que no sería así, ya que en la pequeña mesa, de apenas un par de palmos de altura, se encontraban unas 4 botellas vacías y Gorosuke solo mostraba ligeros síntomas de embriaguez.

La puerta corrediza de la taberna se abrió de par en par, dejando entrar algo de luz y un poco de aire el cual hizo sonar Fuurin que estaba colocado en la entrada para alertar al dueño cuando un cliente nuevo ha entrado. Debido a la penumbra que predominaba en la taberna, al encontrarse de repente con tan fuerte foco de luz apenas podía verse en la puerta más que tres siluetas humanas que vestían un Kasa (Sombrero de paja japonés). Gorosuke forzó la vista para entrever de quien se trataba, pero no tuvo que hacer mucho esfuerzo ya que los tres sujetos entraron al unísono, empujando levente al señor Kojita. Una vez dentro, pudo verlos con claridad.
Eran dos hombres de mediana edad, seguidos de un esbelto y apuesto joven de cabello liso y largo. Por sus kimonos blancos y azules se entendía que pertenecían al mismo clan, un clan que a Gorosuke le sonaba de algo, y seguramente por ningún buen motivo. Como los tres caminaban firme y rápidamente hacia él, agarrando sus espadas, Gorosuke se temía lo peor, así que cambió su posición clavando una rodilla en el cojín para estar listo a levantarse si fuera necesario, y estaba seguro de que iba a ser necesario.

Los tres hombres guardaron las distancias y se colocaron a apenas un metro de Gorosuke. Sin perder la guardia, con el mango de la katana sujeto firmemente, el joven habló a Gorosuke, desde la seguridad que le proporcionaban sus dos vasallos apostados delante.
- ¿Eres Gorosuke?, el asesino del maestro Setsuwo, del clan Shimada – lo dijo con una voz arrogante, con una mirada severa que ya había juzgado que aquel sujeto era al que buscaba y por consiguiente lo que le esperaba era la muerte.

Gorosuke no respondió, se limitó a tratar de servirse otra copa de sake, pero el sake como era de esperar no emergió de la botella vacía, alejo de si la botella y la movió para comprobar si sonaba algo de líquido en su interior. El joven desafiante del clan shimada miró con rabia sus movimientos, sintiéndose ignorado y humillado, sin darse cuenta de que el astuto Gorosuke estaba llevando disimuladamente su mano izquierda debajo de la mesa, y solo hizo eso para distraerlos. De un rápido y fuerte palmetazo levantó por los aires la pequeña mesa, arrojando la vajilla contra los recién llegados que cometieron el error de soltar la empuñadura de sus espadas para cubrir sus rostros de la lluvia de copas y botellas de barro.

Gorosuke era sin dudas un excepcional guerrero y de manera coordinada se levantó apoyándose en su rodilla mientras que desenvainaba con su mano diestra la enorme espada que portaba, para, de un fulminante corte horizontal cortar en dos la mesa que le sirvió como pantalla para ocultar sus movimientos. Gorosuke vio el estallido de sangre salpicar el tatami del local, sabiendo así que su ataque había sido efectivo y con suerte había cortado por la mitad a ambos, lo que no se esperaba es que el ataque fuese devuelto, y de la madera de la mitad superior de la mesa vio aparecer la hoja de una katana dirigiéndose a cortar su cuello. El joven shimada sin dudarlo había devuelto el ataque y cercenando la cabeza de uno de sus vasallos ya muerto, trató de cortar a Gorosuke a través de la mesa.

Gorosuke apenas tuvo tiempo de reaccionar y trató de esquivar el ataque sin mucho éxito, aunque por suerte, el Joven Shimada era alguien rápido pero no muy fuerte, y su ataque perdió fuerza, no pudo cortar un humano, una mesa y atravesar su yoroi (armadura samurái), una hazaña de ese calibre solo pueden realizarla los hombres de fuerza excepcional como Gorosuke, así que su ataque rebotó en la armadura y el gigante pudo conservar su cabeza al menos por un día más.
La mesa cortada, cayó al suelo desequilibrando al retador del clan shimada ya que su espada estaba atorada en ella. El experto Gorosuke no perdió la oportunidad de atacarlo aprovechando que no podría defenderse, pero de manera desesperada, ya que su vida dependía de ello, el joven shimada en un gran esfuerzo saco la espada incrustada pudiendo bloquear el poderoso ataque de Gorosuke, aunque para su desgracia la diferencia de fuerza era algo notable y con el choque de armas se desestabilizó y se vio forzado a dar un paso atrás. A ese golpe lo continuó un segundo, que al igual que el primero iba proporcionado con la fuerza de un toro, y este trastabilló hacia atrás cayendo así al suelo, momento que aprovechó el forzudo guerrero para darle un poderoso ataque vertical y cercenar su cabeza, aunque al ser tan grande, su katana se encontré con la viga que sujetaba el tejado del local, frenando así su fuerza y dándole al esquivo Shimada el tiempo justo para apartar su cara del ataque, aunque no el suficiente para salir indemne ya que este ataque cortó buena parte de su Kasa y lo que era peor, dejándole un corte profundo en su bello rostro. Aprovechó el impulso de la caída para rodar hacia atrás y evitar así otro golpe fatal.

Gorosuke entendió que debido a su enorme cuerpo, luchar dentro de un local quizás no era la mejor situación para él, así que corrió hacia afuera, buscando un combate en las calles del pueblo, donde tendría más espacio para moverse.
- No dejaré que huyas maldito Gorosuke – Gritó desafiante el maltrecho Shimada, el cual ya había comprobado que su rival era tremendamente fuerte, debía serlo, ya que había vencido a su maestro, pero aun así prefería la muerte en un combate, que la humillación de vivir sabiendo que no ha tratado de vengar al gran Shimada Setsuwo.

Gorosuke escuchó los pasos de su contrincante y dedujo que corría más que él, no era de extrañar, era esbelto y ligero, no tardaría en alcanzarlo, pero eso también formaba parte del plan de Gorosuke, que no se dignó a mirar hacia atrás, para darle la falsa seguridad a su rival de poder apuñalarlo por la espalda, pero lo cierto es que solo escuchando sus pisada, el curtido guerrero sabía exactamente la posición de su rival.

Ambos corrieron hacia afuera con sonoros y estruendosos pasos, el tabernero y el señor Kojita estaban refugiados tras la mesa donde se servían las bebidas, temerosos de que algún golpe perdido pudiera herirlos y animando silenciosamente al joven Shimada para que acabe de una vez con el bastardo de Gorosuke. El señor Kojita, que rezaba nervioso juntando ambas manos, se asustó al caérsele encima la botella de sake que había pedido con anterioridad, puesto que los pasos del gigante hacían temblar la mesa e hicieron caer todo lo que se encontraba en su superficie.

Gorosuke llegó a la entrada primero, agachó la cabeza para salir y en cuanto dio su primer paso en el exterior giró bruscamente su enorme cuerpo cargando su espada para propiciar un ataque al lugar por donde estaba seguro que su rival iba a cruzar, la puerta. Su rival se sorprendió al ver como Gorosuke se detenía en seco y lanzaba un ataque contra él, pero no tenía ningún lugar donde esquivar, ya que se encontraba cruzando la puerta y el marco de esta no le dejaba otra alternativa que seguir hacia delante, así que impulsó su cuerpo hacia atrás cuanto pudo y se deslizó con su rodilla por el suelo. La espada pasó casi rozándole su lastimada cara y destrozando el marco de la puerta, pero él no se contentó con esquivar el ataque de su enemigo, así que trató de cortar el abdomen de este propinándole un corte mientras se deslizaba, pero por la postura innatural que tenía el corte no tuvo mucha fuerza y solo corto parte de su Yoroi, sin llegar a cortar su piel.

Se estabilizó en cuanto pudo recuperar el equilibrio y sitió como la espada de su enemigo volvía a pasar cerca suya de nuevo, levantando el polvo del suelo. Esto le hizo entender que no debía perder el tiempo ni para limpiarse la sangre que se acumulaba en su ojo y le impedía ver con claridad, al mínimo movimiento en falso su experimentado rival le cortaría la cabeza. Apuntó la espada contra Gorosuke, quería que aquello terminara ya, estaba siendo un duelo muy intenso y no parecía tener todas las de ganar con él, el asesino de su maestro había demostrado ser un guerrero formidable y muy astuto en combate, no era alguien honorable y eso lo hacía demasiado peligroso para alguien que solo había tenido duelos deportivos como él. Además el dolor en su cara era intenso y le impedía pensar con claridad, solo quería que todo acabase ya y poder visitar a un doctor que le cerrase la herida si eso fuera posible.

Ambos contendientes cargaron el uno contra el otro, corriendo con todas sus fuerzas y gritando con toda su rabia. Las espadas chocaron, pero una vez más la diferencia de fuerzas no favoreció al esbelto shimada y el dolor que le causó bloquear tremendo ataque cargado de su enorme contrincante le hizo soltar la espada, la cual voló unos metros. A shimada le recorrió un tenebroso escalofrío cuando miró hacia arriba y vio la sonriente cara de satisfacción del malvado Gorosuke. Estaba desarmado frente a un hombre que de seguro había matado a docenas de personas, un hombre sin escrúpulos y sin ningún tipo de respeto hacia sus semejantes, sin duda había llegado su hora.

- Cógela, vamos – Le hizo un gesto con la cabeza, para darle permiso de ir a recogerla. – Una pelea no es divertida si el otro no se defiende.
- ¿Diversión? ¿Peleas por diversión? Cuando peleas arriesgas tú, y se la arrebatas a los vencidos, un combate no debe tener un motivo tan trivial como la diversión ¿Qué eres? Una bestia.
- Venga, rápido, o harás que me arrepienta – le ordenó mientras se rascaba el sobaco por el hueco de la armadura.
Shimada se sentía deshonrado, estaba siendo perdonado por un tipo sin ninguna clase de honor, que pelea por matar el tiempo, pero ahora más que nunca se sintió el responsable de acabar con la vida de semejante indeseable. Le dio la espalda el bravucón y dio unos pasos para recuperar su espada y cuando se agachó sintió un enorme dolor en su abdomen. La punta de una katana asomaba por su barriga, embadurnada en su propia sangre. La ira le desbordaba, superaba con creces el enorme dolor que sentía, y a duras penas pudo mirar hacia atrás para encontrarse con que Gorosuke lo había engañado y lo había ensartado por su punto ciego.

- Ki-kisaamaaaaaa – Shimada maldijo con toda su alma a su asqueroso rival. Las palabras le brotaban débiles, no tenía fuerza para más y la sangre que brotaba de su boca ensuciaba sus palabras volviéndolas casi inteligibles.
- Baaaaaka – le dijo burlándose - ¿En qué momento te he dado a pensar que soy alguien a quien puedes darle la espalda? Los tipos como tú que ponen reglas a los combates a muerte me enferman y están mejor como tú, muertos. – Terminando la frase sacó la espada del abdomen de su enemigo, el cual perdió todas sus fuerzas y cayó de bruces al suelo.

De un movimiento limpió la sangre en su katana, salpicando al agonizante Shimada, el cual, trataba con su último aliento alcanzar su arma y poder asestarle al menos un único golpe con éxito al bastardo de Gorosuke, estaba dispuesto a postergar su agonía con tal de conseguir su propósito, al menos así, su alma podría descansar en paz. Tenía el brazo estirado todo lo que le permitía su cuerpo, y arrastrándose lentamente casi alcanzó a tocarla cuando un enorme pie le pisó la mano, era Gorosuke el cual también se llevó su espada de regreso a la taberna.

- Tabernero, sal de ahí, ya ha acabado todo. – Coloca la espada en la mesa. – Con esta katana y lo que lleven esos tipos encima debería de bastar para pagar los arreglos del local y… - estiró su cuerpo para alcanzar unos panecillos y unas botellas de sake que estaban a su alcance – esto y esto… si… - Se metió un panecillo entero en la boca y no le dejó hablar con claridad – No me vayas a denunciar – casi no se entendían sus palabras - te he pagado lo que te he roto eh, y ya has visto que he matado a esos desgraciados en defensa propia, han venido con intención de matarme, así que no he hecho nada malo.
- ¿Están muertos? Todos esos chicos… ¿Están muertos? – El tabernero se levantó muy preocupado y se asomó cuanto pudo sin salir de la seguridad que le proporcionaba estar detrás de la mesa.
- Esos dos si – le señalo con el índice – ese otro… aun no… creo – cambió el gesto de su mano para señalar con el dedo pulgar hacia afuera. – Ahora mismo se está desangrando, haz lo que quieras, mátalo para que tenga una muerte rápida o deja que se desangre como un cochino, a mí me da igual.
- Ese joven era un discípulo del clan Shimada ¿No te da miedo que te persigan hasta matarte? – El tabernero se arrepintió de haber dicho eso, creía que esas palabras podrían molestar al violento Gorosuke y costarle la vida.
- ¿A MI? JAJAJAJA, llevo dedicando mi vida a esto 7 años, desafío a guerreros fuertes y orgullosos, los mato y saqueo sus cadáveres. Si es en un duelo no es ilegal matar ¿lo sabias? Y sus cosas… en fin ¿Para qué iba un muerto a quererlas ya? 

- Por cierto Kojita-san, - Dijo Gorosuke mientras miraba a su alrededor por si se podía alcanzar algún alimento. - ¿Dónde dijiste que estaba el templo de Oniyama?
- Por-por favor Gorosuke-Dono… no saqueé ese templo, por favor se lo pido – El señor Kojita se arrodilló ante el – es el único templo que vela por nosotros, y en su interior está sellado un poderosísimo oni que aterrorizó estas tierras hace siglos.
- JAJAJAJA ¿Acaso eres imbécil? Yo no creo en cuentos infantiles como ese. ¿No le da vergüenza? A su edad y creyendo patrañas absurdas como esa… Además no quiero saquearlo, solo quiero la famosa espada Kabayomi.
- ¿La-La espada Kabayomi? Ese es el tesoro del templo, la reliquia de nuestra región – El señor Kojita estaba completamente frustrado, no podía hacer nada ante esa situación - Esa es la espada que mantiene sellada al Oni, por favor…
- ¡Urusai! – Mandó a callar de forma contundente al escuálido y asustadizo señor Kojita – parece que ese siniestro monje tenía razón, la espada se encuentra en ese templo y es así de famosa es porque debe ser muy poderosa.

- Pero… Gorosuke-Sama… esa espada está custodiada por 12 sacerdotes Onmyoji – El tabernero le habló con un tono relajado y mediador, no tratando de convencerlo, sino tratando de que el mismo sacara sus propias conclusiones – y ya sabes que los Onmyoji tienen habilidades mágicas que superan la capacidad humana. Usted es un hombre fuerte, pero quizás con tantos Sacerdotes no…
- Cállate tú también, esas son las mentiras que os cuentan para que tengáis miedo de ellos y así le enviáis dinero a cambio de una falsa protección. Sois unos estúpidos, la magia, espíritus, youkais y demonios, esas cosas no existe,… pero así funciona el mundo, los fuertes y los listos se aprovechan de los débiles y los ignorantes. Por eso yo estoy encima vuestra, y cuando tenga esa espada estaré por encima de todos en Shihon.

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